Midiendo el Comportamiento
En términos generales, las organizaciones desean mejorar de manera demostrable en cuanto a ingresos y beneficios, pero también en el compromiso de sus empleados y, por ejemplo, en materia de seguridad. Nos gustaría compartir dos consejos valiosos para apoyar sus iniciativas de mejora mediante la medición del comportamiento. Una medición para las personas que usted lidera; otra medición para usted mismo como líder. Pero primero, veamos qué es la gestión del comportamiento.
¿Qué es la gestión del comportamiento?
La gestión del comportamiento se refiere al enfoque sistemático de comprender, medir e influir en los comportamientos de las personas y los equipos con el fin de mejorar el desempeño organizacional. Dentro del campo de Organizational Behavior Management (OBM), el comportamiento se concibe como algo observable y medible. En lugar de centrarse en actitudes, intenciones o rasgos de personalidad, OBM se enfoca en lo que las personas realmente hacen en el lugar de trabajo.
La gestión del comportamiento se fundamenta en las ciencias del comportamiento, en particular en los principios del análisis conductual. Estos principios explican cómo el comportamiento está influenciado por los antecedentes (lo que ocurre antes de la conducta) y las consecuencias (lo que ocurre después de la conducta). Al analizar sistemáticamente estos elementos, los líderes pueden crear entornos que favorezcan los comportamientos deseables y reduzcan la probabilidad de los no deseables.
Por ejemplo, si un equipo sigue consistentemente los procedimientos de seguridad, los líderes pueden examinar qué condiciones favorecen ese comportamiento. ¿Están las expectativas claramente definidas? ¿Son los procedimientos fáciles de seguir? ¿Reciben los empleados retroalimentación positiva cuando actúan de forma segura? Al identificar estos factores, los líderes pueden reforzar las condiciones que promueven una conducta segura.
En la práctica, la gestión del comportamiento implica definir los comportamientos deseados, medir su frecuencia, proporcionar retroalimentación y reforzar las mejoras. Se utiliza ampliamente en sectores como la manufactura, la atención sanitaria, la aviación y la gestión de servicios de TI, ya que ofrece un método práctico y científico para mejorar el desempeño.
Otro elemento clave de la gestión del comportamiento es que se enfoca en indicadores anticipados en lugar de basarse únicamente en indicadores rezagados. Los indicadores rezagados describen resultados que ya han ocurrido, como ingresos, accidentes o tiempos de inactividad. Los indicadores anticipados, en cambio, describen los comportamientos que producen esos resultados. Al medir e influir en los comportamientos adecuados, las organizaciones pueden incidir en los resultados antes de que surjan los problemas.
En definitiva, la gestión del comportamiento reconoce un principio sencillo pero poderoso: los resultados organizacionales son el producto del comportamiento. Si queremos mejorar los resultados, debemos comprender e influir en los comportamientos que los generan.
¿Por qué es importante medir el comportamiento?
Muchas organizaciones miden los resultados de forma exhaustiva, pero con frecuencia pasan por alto los comportamientos que generan esos resultados. Los indicadores financieros, los niveles de servicio, las cifras de producción y las estadísticas de incidentes son ejemplos de indicadores rezagados. Nos dicen lo que ya ha ocurrido, pero no necesariamente revelan por qué ocurrió.
Medir el comportamiento ayuda a cerrar esta brecha. Cuando los líderes miden el comportamiento, obtienen una visión más clara de las acciones que conducen a los resultados deseados. Esto permite a las organizaciones pasar de una gestión reactiva a una mejora proactiva.
Existen varias razones por las que medir el comportamiento es importante.
En primer lugar, la medición genera claridad. Cuando los comportamientos están claramente definidos y se miden, los empleados saben exactamente qué se espera de ellos. En lugar de instrucciones vagas como "mejorar la colaboración" o "ser más proactivos", los empleados reciben orientaciones concretas sobre qué acciones son valoradas dentro de la organización.
En segundo lugar, la medición facilita la retroalimentación. Sin medición, la retroalimentación se vuelve subjetiva e inconsistente. Al medir el comportamiento, los líderes pueden ofrecer comentarios objetivos que apoyen el aprendizaje y la mejora.
En tercer lugar, la medición refuerza la responsabilidad. Cuando los comportamientos son visibles y medibles, los equipos pueden hacer seguimiento del progreso y celebrar las mejoras. Esto fortalece el compromiso y el sentido de pertenencia dentro de los equipos.
En cuarto lugar, medir el comportamiento ayuda a las organizaciones a detectar señales tempranas de mejora o deterioro. Si el comportamiento de un equipo cambia, esto suele poder observarse mucho antes de que lo hagan los indicadores de rendimiento. Por tanto, medir el comportamiento permite a las organizaciones intervenir de forma más temprana y efectiva.
Por último, medir el comportamiento ayuda a los líderes a mejorar ellos mismos. El comportamiento del liderazgo influye de manera significativa en la cultura organizacional. Cuando los líderes miden sus propias acciones —como la frecuencia con la que brindan reconocimiento, formación o apoyo— toman mayor conciencia de cómo su comportamiento afecta a las personas que lideran.
En este sentido, medir el comportamiento cumple un doble propósito. Ayuda a los líderes a guiar a sus equipos hacia un mejor desempeño, y les ayuda a desarrollar su propia efectividad. Esta doble perspectiva es fundamental para un liderazgo eficaz en las organizaciones modernas.
Información adicional para organizaciones interesadas en los beneficios más amplios de la Gestión del Comportamiento Organizacional.
Mide lo que sí quieres
Si observamos más de cerca la medición del rendimiento organizacional, notamos algo sorprendente. Muchas organizaciones miden específicamente el número y la duración de todo tipo de interrupciones en sus procesos de producción y entrega. Registran meticulosamente el tiempo de inactividad, el número, tipo e impacto de las averías, las quejas, los accidentes, etcétera.
Pregúntate: "¿Por qué llevamos el control de estas cosas?" La respuesta es: "Estas áreas nos muestran dónde necesitamos mejorar." Estos indicadores se consideran importantes. Obtener malos resultados en ellos suele tener consecuencias negativas para los implicados. Obtener buenos resultados suele pasarse por alto.
A largo plazo, esto resulta destructivo para la moral, el rendimiento y el compromiso de los empleados. Detiene en seco cualquier iniciativa de cambio. Garantizado. Nadie quiere asumir personalmente la culpa por interrupciones y accidentes. Para evitar ser señalados, las personas se vuelven "creativas". Antes de que te des cuenta, todo tipo de comportamientos indeseables e ingeniosos quedan arraigados en la cultura organizacional. El juego de culpas y la microgestión son los más evidentes.
El consejo más frecuente para remediar la situación es: "Arregla el sistema."
Una manera de hacerlo es cambiar tu panel de indicadores. Enfócate en medir aquello que deseas ver con más frecuencia. En lugar de quejas, registra los elogios bien merecidos que recibe el equipo. En lugar del tiempo de inactividad, mide el tiempo de actividad. En lugar de contabilizar errores, haz seguimiento de las resoluciones de problemas exitosas.
Este cambio puede parecer pequeño, pero tiene un impacto profundo en la cultura organizacional. Cuando los líderes miden indicadores de rendimiento positivos, las conversaciones cambian. En lugar de culpar a alguien por un fallo, los líderes pueden hacerse una pregunta diferente:
"¿Qué necesito hacer más, o apoyar más, para que estés dispuesto y en condiciones de mejorar tu trabajo?"
Al formular esta pregunta, los líderes se alejan de la culpa y se acercan al apoyo. Este enfoque sienta las bases del liderazgo de servicio. Los líderes pasan a ser facilitadores del rendimiento en lugar de controladores del mismo.
En un entorno caracterizado por el cambio continuo, esta perspectiva adquiere cada vez mayor importancia. Los empleados están más dispuestos a experimentar, aprender e innovar cuando se sienten respaldados en lugar de juzgados.
Conviértete en el Traficante de Dopamina
Es un paradigma antiguo, prácticamente obsoleto, pero en la vida real sigue muy vigente. Los directivos que solo aparecen cuando algo sale mal siguen siendo habituales en muchas organizaciones. Cuando surge un problema en el área de trabajo, el directivo llega, hace unas cuantas preguntas incisivas y propone la solución.
"Simplemente haz A y B, y asegúrate de que esto no vuelva a ocurrir."
Problema resuelto. Buen trabajo, directivo.
Aunque este enfoque puede parecer eficiente, puede ser perjudicial para el compromiso de los empleados. Si los directivos solo aparecen cuando surgen problemas, los empleados empiezan rápidamente a asociar la presencia de la dirección con estrés, reproches y presión.
Cada vez que el directivo aparece, es muy probable que algo haya salido rematadamente mal.
Estos patrones de comportamiento generan de forma predecible hormonas del estrés y conductas de evitación. Los empleados aprenden que llamar la atención puede acarrear críticas o reproches. Como resultado, evitan asumir responsabilidades y se vuelven menos proactivos. Con el tiempo, el rendimiento cae y la innovación desaparece.
Un enfoque de liderazgo diferente consistiría en aparecer con mayor frecuencia cuando las cosas marchan bien. Esto permite a los líderes observar a los empleados en el momento en que hacen algo bien. Los líderes pueden entonces responder a estas observaciones con reconocimiento y apreciación.
Este enfoque tiene un poderoso efecto neurológico. El reconocimiento positivo desencadena la liberación de Dopamina en el cerebro. La dopamina está asociada con la motivación, el placer y el refuerzo de conductas. Cuando los empleados reciben reconocimiento por comportamientos deseables, es más probable que repitan esos comportamientos en el futuro.
En otras palabras, los líderes que reconocen activamente el buen desempeño se convierten en una fuente de motivación para sus equipos.
Herramientas de Medición del Comportamiento
Las organizaciones pueden utilizar varias herramientas prácticas para medir el comportamiento de manera efectiva.
Uno de los métodos más utilizados es la observación conductual. En este enfoque, los líderes o compañeros observan comportamientos específicos durante las actividades laborales cotidianas. Estas observaciones se registran mediante listas de verificación sencillas o formularios de observación. El objetivo no es juzgar a las personas, sino identificar patrones y oportunidades de mejora.
Otra herramienta útil es la lista de verificación conductual. Esta lista contiene un conjunto reducido de comportamientos claramente definidos que favorecen el desempeño. Por ejemplo, en un entorno de servicio, los comportamientos pueden incluir atender a los clientes con prontitud, confirmar las solicitudes o documentar correctamente las acciones de servicio. Al hacer un seguimiento regular de estos comportamientos, los equipos pueden identificar tendencias y oportunidades de mejora.
Los tableros de resultados y paneles de control también son herramientas muy potentes. Sin embargo, en lugar de centrarse exclusivamente en eventos negativos como fallos o incidentes, los paneles de control pueden destacar indicadores positivos. Entre los ejemplos se incluyen la resolución exitosa de problemas, las mejoras proactivas o los elogios recibidos de los clientes.
Los sistemas de retroalimentación rápida también pueden ayudar a medir los comportamientos de liderazgo. Las encuestas breves pueden ofrecer información sobre cómo los empleados perciben el apoyo, el reconocimiento y la comunicación por parte de sus líderes. Estos datos ayudan a los líderes a ajustar su comportamiento y mejorar el compromiso.
Las herramientas digitales pueden complementar estos métodos de medición. Muchas organizaciones utilizan hojas de cálculo, software de gestión de proyectos o plataformas especializadas en gestión del desempeño para hacer seguimiento de las métricas conductuales.
El principio más importante es la simplicidad. Las herramientas de medición del comportamiento deben ser fáciles de usar y de entender. Si los sistemas de medición se vuelven demasiado complejos, las personas dejarán de utilizarlos.
Conclusión
La ciencia demuestra claramente que cuando recibimos atención y reconocimiento por hacer algo bien, el cerebro produce dopamina. Una descarga de dopamina libera sensaciones positivas, a veces conocida como una "ola de placer". La dopamina refuerza los comportamientos que la generaron.
Para los líderes, este hallazgo tiene implicaciones importantes.
En lugar de convertirse en una fuente de estrés al centrarse exclusivamente en los problemas, los líderes pueden convertirse en una fuente de energía positiva reconociendo el buen desempeño.
En términos prácticos, esto significa prestar atención deliberada a los comportamientos que contribuyen al éxito. Los líderes pueden llevar un registro de cuántas veces brindan reconocimiento, apreciación o retroalimentación constructiva durante la semana.
Una medición práctica podría ser el número de elogios bien merecidos que un líder otorga en una semana. El objetivo no es inflar artificialmente los halagos, sino estar más atentos a las oportunidades de reconocer el buen trabajo.
Al mismo tiempo, los líderes deben evitar exagerar. Cuando los elogios se vuelven constantes y poco sinceros, rápidamente pierden su valor. El reconocimiento siempre debe ser genuino y estar vinculado a comportamientos específicos.
Ambos consejos de este artículo van de la mano. Asegúrate de medir los comportamientos que deseas ver con mayor frecuencia, y sorprende a tu gente en el momento en que están haciendo las cosas bien. Cuando los líderes reconocen y refuerzan de manera constante los comportamientos positivos, crean un entorno en el que los colaboradores se sienten motivados, valorados y comprometidos.
Y cuando eso ocurre, sucede algo extraordinario: el rendimiento mejora casi de forma natural.
Observa cómo ocurre la magia.